BEATO ANTONIO MARTÍNEZ GIL-LEONIS

Beato Antonio 1MARTÍNEZ GIL-LEONIS, Antonio OH [Montellano, Sevilla, 02.11.1916 – † Paracuellos del Jarama, Madrid, 29.11.1936], beato. Religioso de la Orden Hospitalaria de san Juan de Dios. Formando parte, como novicio, de la comunidad hospitalaria del entonces Sanatorio Psiquiátrico San José –hoy Centro San Juan de Dios- de Ciempozuelos, Madrid, fue detenido juntamente con otros 53 Hermanos

Hospitalarios y con ellos encerrado en la cárcel de san Antón de Madrid. El día 29 de noviembre fue fusilado en unión a otros seis Hermanos de san Juan de Dios, además de otras personas. Abierta su Causa de muerte como martirio en la Curia diocesana de Madrid (1952) y aprobada en Roma (14.05.1991), fue beatificado el 25 de octubre de 1992 dentro de un grupo de 71 Hermanos de san Juan de Dios.

Su fiesta litúrgica se celebra el 30 de julio como «Mártires de la Hospitalidad».

Identificación personal. El beato Antonio Martínez Gil-Leonis era hijo de Antonio Martínez Núñez, maestro albañil, y María de los Dolores Gil-Leonis, matrimonio honrado y de muy buenas costumbres, y fue bautizado, el 4 de noviembre de 1916, en la parroquia de san José, imponiéndosele el nombre de Antonio. El sacramento de la confirmación lo recibió el 16 de noviembre de 1923 de manos del Sr. Cardenal Eustaquio Ilundain.

Pasados los primeros años en su pueblo natal, en 1927 por motivos de trabajo los padres del beato se establecieron en Morón de la Frontera, donde asistió al colegio de los Padres Salesianos, teniendo con ellos mucha confianza y relación. Se distingue como estudiante inteligente, bondadoso, travieso y muy activo.

Con buenas dotes para el teatro, participaba en todas las obras y siempre le agradaba representar el papel de pobre o mendigo, ya que se identificaba con este papel a la perfección. También cantaba y bailaba muy bien; era incluso aficionado a la pintura, conservando la familia algunos bocetos suyos.

Vocación para la Hospitalidad. De una apendicitis derivada en peritonitis que sufrió, nació su deseo de hacerse Hermano de san Juan de Dios; y de algunas de sus cartas se conoce el proceso que pasó antes de ingresar.

Con fecha 6 de mayo de 1934 escribe a Ciempozuelos que «he estado insistiendo cerca de mis padres para que me dejasen ir a donde el Señor me llama; ya puedo contar con su consentimiento; pero lo mismo mis padres que el Sr. Director de los Salesianos me han dicho que espere a examinarme del cuarto año de bachiller, que seguramente me examinaré del 20 al 25, y después irme…».

En otra carta del 14 de noviembre afirma que ya tiene arreglados los papeles que le piden, pero que su padre ya no le permite marchar «aconsejado de unos tíos míos y de un señor sin principios religiosos…

Ahora no me he querido matricular en el Instituto y sólo voy de oyente, esperando que si Ud. me dice que me puedo ir a Jerez, me voy, sea como sea, y sólo con la ayuda de Dios. Padre, no vaya Ud. A negarme su asistencia. El director de los Salesianos me ha alentado para que no pierda mi vocación hospitalaria».

En julio de 1935 escribe dos cartas; en la del día 19 decía: «Con grande alegría le comunico que las dificultades que tenía para poder ingresar en la Orden Hospitalaria parece que están vencidas. Le mando ésta para que sepa que en la semana que entra quiero estar en esa».

Novicio hospitalario. En efecto, el 25 de julio de 1935 hacía su ingreso en Ciempozuelos y el 7 de diciembre tomaba el hábito con el nombre de Fr. Antonio de Jesús, dando con ello inicio al noviciado canónico.

Sus fuertes deseos de llegar a ser Hermano de san Juan de Dios, no solamente no se disiparon al encontrarse con la dura realidad, sino que se entregó desde el primer momento a la misma con toda generosidad, tanto en el aspecto espiritual y vida comunitaria, como en la asistencia a los enfermos, acercándose a ellos con toda caridad. Un celo particular manifestaba ante los enfermos moribundos, a quienes acompañaba muy gustosamente y ayudaba a bien morir, sugiriéndoles jaculatorias y encomendándoles a la Virgen María, por la que manifestaba gran devoción.

La vida del noviciado le llenaba completamente y la dirección del beato Juan Jesús Adradas, su maestro, disponía y estimulaba enriqueciendo y fortaleciendo su espíritu.

En este tiempo, ante la situación política tan tensa que se generalizaba, fue visitado por su madre; ella le tentó queriendo llevárselo a casa; pero él le expresó su deseo de seguir porque era su centro, y se opuso rotundamente.

Mártir de Cristo y de la Hospitalidad. No se asustó nuestro beato al apoderarse del sanatorio los milicianos ni tampoco ante sus amenazas.

Poco antes de ser detenida la comunidad, en pleno ambiente revolucionario, mientras acudían a uno de los pabellones para atender a los enfermos, le decía el beato Antonio Martínez a otro Hermano: «¡A nosotros no nos asusta la muerte!”.

El 7 de agosto juntamente con los demás Hermanos fue apresado y después encarcelado, permaneciendo en la prisión con el mismo espíritu decidido. Formando piña todos los Hermanos y estando los jóvenes muy cuidados y sostenidos por los superiores, en especial por el maestro, Juan Jesús Adradas, nuestro beato «sobrellevó con mucho ánimo todas las penalidades de la cárcel, con gran firmeza en su amor al Señor».

Considerándole con menos apoyo, «una noche le despertaron los milicianos que hacían guardia en la cárcel, incitándole a blasfemar bajo terribles amenazas de muerte. Fr. Antonio, sin inmutarse, señalando la yema de su dedo meñique, con todo su natural gracejo sevillano, les dijo impertérrito:

‘Aunque me hagáis mijitas así de grandes, no las digo’”.

Al recibir la noticia proveniente del beato Guillermo Llop de que matarían a todos, nuestro beato Antonio Martínez fue uno de los novicios que, en la misma cárcel, profesó “in articulo mortis” de manos del beato Diego de Cádiz García, secretario Provincial, ante la inminente muerte martirial.

En la tanda del día 30 de noviembre fue incluido. Al despedirse, «lo hizo de manera tan valiente que edificó a todos; me dio un abrazo y me dijo: ¡Hasta el Cielo!».

Así testimonió su fe y su vocación hospitalaria el beato Antonio Martínez Gil-Leonis. Tenía 20 años de edad y unos meses de novicio.

La Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder, Ntra. Sra. de los Dolores y Beato Antonio Martínez, de Montellano, Sevilla, ha incluido su nombre en la misma, para sentirse protegidos sus miembros y pedir su intercesión.

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